sábado, 2 de julio de 2016

Especial Frases: Aristóteles y Dante descrubren los secretos del universo


-CONTIENE SPOILERS-

Si fuera por mí, el sol podría haberle derretido todo el azul al cielo. Así el cielo podría sentirse tan miserable como yo.

Que la música se acabe tan pronto. Que la música se acabe tan pronto cuando apenas comenzó, que cosa tan triste

El problema con mi vida era que se le había ocurrido a alguien más.
 
—Mi nombre es Dante— dijo
Eso solo me hizo reír más.
—Lo siento —dije
—Está bien—. La gente se ríe de mi nombre.
—No, no— le dije—. Es que da la casualidad de que me llamo Aristóteles.

 Esa tarde aprendí dos palabras nuevas. <<Inescrutable>> y <<amigo>>.
Las palabras eran distintas cuando vivían en tu interior.

Y me pareció que el rostro de Dante era un mapa del mundo. Un mundo sin oscuridad.
Guaa, un mundo sin oscuridad. ¿Qué podía haber más bello?

No sabía por qué estaba pensando en todas estas cosas... Excepto que era lo que siempre hacía. Supongo que tenía mi propia televisión personal en el cerebro. Podía controlar lo que quería ver. Podía cambiar el canal cuando quisiera.

Era tan hermoso y escalofriante, que me pregunté sobre la ciencia de las tormentas y cómo a veces parecía que una tormenta quería romper el mundo y cómo el mundo se rehusaba a romperse.

—¿Nadie te dijo jamás que no eres normal?
—¿Debería de aspirar a eso?
—No lo eres. No eres normal. —Negué con la cabeza—. ¿De dónde saliste?

—Juego aburrido, Dante. ¿Nos estamos entrevistando el uno al otro?
—Algo así.
—¿Para qué puesto estoy solicitando trabajo?
—Mejor amigo.
—Pensaba que ya me habías dado el trabajo.

Mi mamá y papá estaban tomados de la mano. Me pregunté cómo era eso, tomarse de la mano de alguien. Apuesto que a veces podías encontrar todos los misterios del universo un la mano de alguien.

—No te voy a lastimar.
Ya me lastimaste.

—No deberías de decir eso —dije
—Es verdad.
—No dije que no fuera verdad. Solo dije que no deberías decirlo.

Otro secreto del universo: a veces el dolor era como una tormenta que venía de la nada. La mañana más despejada de verano podría terminar en un aguacero. Podía terminar con rayos y truenos.

Extendí la mano y sentí la primera gota. Era como un beso. El cielo me estaba besando. Era una idea bonita.

¿Todos los chicos se sentían solos?
El sol de verano no estaba hecho para chicos como yo. Los chicos como yo pertenecían a la lluvia.

—Dijiste que yo no le tenía miedo a nada. No es cierto. . A eso le tengo miedo. Te tengo miedo a ti, Dante.

Todo este tiempo había estado tratando de dilucidar los secretos del universo, los secretos de mi propio cuerpo, de mi propio corazón. Todas las respuestas habían estado tan cerca y aun así había luchado siempre contra ellas sin siquiera saberlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario